Fantástico #02: La niña cabra 🐐
Un refugio de leche de cabra y los ingredientes industriales de un popular chocolate de la abuela.
Un refugio de leche de cabra y los ingredientes industriales de un popular chocolate de la abuela.
Primera parada: Pachuca, Hidalgo. Una ingeniera agrónoma, una ceremonia de cacao y una chocolatería que nació de una herida. El camino oscuro comienza aquí.
Un refugio de leche de cabra y los ingredientes industriales de un popular chocolate de la abuela.
Me quedé ahí, apretujada y muda como una estatua gótica en medio del festival, hasta que la vi: una pequeña tableta con una niña cabra sonriente. No es el típico dulce de vaca al que estamos acostumbrados; es una experiencia de cacao criollo y acidez rústica que se siente como un abrazo maternal.
Primera parada: Pachuca, Hidalgo. Una ingeniera agrónoma, una ceremonia de cacao y una chocolatería que nació de una herida. El camino oscuro comienza aquí.
Fruto del monje, cacao, leche de almendras y una identidad visual que no deja dudas: esto es México artesanal. La Hija del Fuego es el resultado de un viaje interior que alguien tuvo el valor de convertir en oficio.
Quince años esperando probar Taza Chocolate. ¿Valió la pena pagar mil pesos por un chocolate “estilo mexicano” hecho en Estados Unidos?
El olor que salía no era ese chocolate comercial sobrecargado de canela. Era algo más puro, más concentrado.
No iba a comprar nada ese día. El universo tenía otros planes y me puso frente a una vitrina llena de chocolate.
El día que dejé a mi madre en la residencia, descubrí que en lo más profundo de su memoria, todavía recordaba un sabor.
Mazorca Negra apuesta por ingredientes locales y sostenibles de la península mexicana haciendo un chocolate artesanal desde la plantación.
Nuestras madres y abuelas nos enseñaron que todo pedazo de rosca —con muñeco o sin muñeco— debía ser sumergido en una taza de espumoso chocolate.
Esta barra de chocolate semiamargo mezcla suavidad con el crujir de nueces pecanas, almendras enteras y cacahuates.
La textura es, un tanto democrática: no es suave como un chocolate industrial, pero tampoco es como morder un terrón de tierra. Tiene esa rusticidad que delata su origen artesanal, como diciendo: 'Soy de pueblo, pero tengo clase'.