Don Jenaro: “Una bebida intensa que mejora el ánimo”
El olor que salía no era ese chocolate comercial sobrecargado de canela. Era algo más puro, más concentrado”
Día de Reyes, siete de la noche. Puse dos tablillas de chocolate en la licuadora y vertí leche caliente encima. Esperé a que se ablandaran. El olor que salía de la licuadora no era ese chocolate comercial sobrecargado de canela y azúcar que te venden como "tradicional". Era algo más puro, más concentrado. Me hizo remontar un mes atrás, cuando llegué al stand de Don Jenaro en el Festival de Chocolate en la BUAP.
La mesa rebosaba de tablillas y bolitas de chocolate, rodeadas de molinillos y ollas de barro que contenían chocolate listo para probar. El stand olía exactamente a lo que debería oler un puesto de chocolate: a cacao y nada más. Nada de vainilla sintética. Nada de aromas que parecen salidos de un laboratorio. La gente se amontonaba para escuchar las explicaciones y meter la cuchara. Yo era una de las que empujaba.