Caracol Púrpura, chocolate oscuro 55% con leche de cabra: “No esperes el dulzor plano de la vaca”
Me quedé ahí, apretujada y muda como una estatua gótica en medio del festival, hasta que la vi: una pequeña tableta con una niña cabra sonriente. No es el típico dulce de vaca al que estamos acostumbrados; es una experiencia de cacao criollo y acidez rústica que se siente como un abrazo maternal.
Estaba sola frente al stand de un grupo de mujeres vestidas con huipiles y múltiples collares que se dedican a hacer rituales y ceremonias de cacao. Llevaba diez minutos observando la mesa: granos de cacao, esferas para bebida y esas mazorcas de pataxte que parecen reliquias. De pronto, el gentío me empujó hacia la orilla. Ahí quedé, apretujada y muda, como una estatua gótica en medio del mercado.
Esta barrita de chocolate la reconocí por su diseño. Ya las había visto antes. Son de Caracol Púrpura
. Pero esta en especial no la había probado. La tomé inmediatamente, no una, sino dos. Como si fuese una acaparadora de pasteles de Cotsco que no conoce la vergüenza.
La tableta es pequeña y cabe en una mano. Tiene el personaje de una niña cabra alegre, una ilustración hecha por @araincortez, cuyo perfil de instagram está repleto de estos personajes realizados para otros chocolates. Son tiernos y encantadores. Te hacen sonreír cuando los ves. Y eso se agradece.
Hasta hace unos años, los aficionados no nos imaginábamos nunca que podríamos probar un chocolate con leche de cabra. ¿A qué sabrá? —Me preguntaba con mucha curiosidad cuando lo compré—. Mi imaginación no consiguió dar con una respuesta.
No recuerdo con exactitud en cuanto lo compré. He consultado en el sitio web y las barritas de 50 g las tienen en 85 pesos. Pero en su catálogo en línea no aparece este chocolate, pero igual lo puedes pedir. Estoy segura que te va a gustar mucho.

El reverso del empaque contiene una lista de ingredientes y su trazabilidad. Esto es lo que muchos consumidores queremos: transparencia. Saber de dónde viene lo que comemos.
- Ingredientes: Cacao criollo de Huehuetán. Chiapas, de la Finca 4 Hermanos de la Familia González; vainilla de Juquila Vijanos, Oaxaca, producida por la Familia Domínguez, leche de cabra en polvo y azúcar estándar.
En la parte inferior, declara que está hecho por Diablo Negro Chocolatería y es distribuido por Caracol Púrpura, que produce café, miel y cacao en un sistema agroforestal.



Abrí el chocolate y encontré un código QR; que te lleva a un mini documental. En una pestaña, una leyenda invita a ser feliz y comer chocolate. También podría ser al revés, come chocolate y sé feliz. Pero lo que me detuvo fue el olor. Es un aroma que dan ganas de envasar para cuando se me presenta la temible y odiosa ansiedad.

La barrita tiene líneas de quiebre, así que se vuelve fácil y equitativo el reparto. Pero ya saben, el que parte y comparte… se lleva la mayor parte. Como si fuera un político avezado en las artes del manejo de presupuesto público, decido cuántos cuadritos darle al Fanta y a la Pequeña Arriety, quien mostró de inmediato su felicidad y pidió más. El Fanta, como un estoico y sereno juez que decide por el bienestar del niño ante un divorcio, dice: “está cremoso”.
No puedo dejar de oler el pedacito que me ha tocado. El aroma puede decirte mucho, por ejemplo, si han usado saborizantes artificiales. Prueba a oler esos chocolates industriales que venden en las tiendas de conveniencia. Siempre huelen igual.
¿Oler pacientemente un chocolate podría considerarse como mindulfness? Entonces ya soy una practicante zen. Acto seguido, ese pedacito entra a mi boca y lo pego al paladar para que se derrita lentamente. Es tan reconfortante. Quizá porque es leche y la leche es algo muy maternal. Al probarlo, no esperes el dulzor plano de la vaca. Es una experiencia muy diferente.
¿Has probado el queso de cabra? Es el mismo aroma, pero suavizado por el cacao criollo, el azúcar y la vainilla de Juquila. Es un sabor con una acidez natural y un toque agrio que recuerda al queso.

El chocolate Incluso se siente menos pesado en el paladar, menos empalagoso. El sabor fuerte de la leche de cabra le da batalla al azúcar, así que el chocolate sabe menos dulce.
De inmediato pensé con qué lo podría maridar. Pero no sé nada de maridajes, soy una completa analfabeta en esos asuntos, igual que los nuevos ministros de la Suprema Corte en su nueva labor. Mi primer pensamiento es la cerveza y dicen los expertos de internet que la cerveza debe tener un toque rústico. Pero ignoro a qué se refieren con ”toque rústico”. ¿Será una cerveza artesanal? No lo sé, quizá tú sepas más que yo de eso.
Dicen los que saben —o los que fingen saber en Google— que puedes comerlo con frutas como higos frescos y frambuesas. Es casi el mismo tipo de maridaje del queso de cabra. Para catar, primero debes dejar derretir el chocolate en tu lengua antes de darle un sorbo a la cerveza o el mordisco a las frambuesas.
Me agrada mucho el queso de cabra untado en galletitas o en rodajas de manzana verde. A la Pequeña Arriety no le gusta, le parece muy ácido. Pero el chocolate sí le gustó. El queso de cabra me recuerda a la primera vez que lo probé en Monterrey, un queso hecho en Parras de la Fuente. Estaba sola, en la cocina, intentando embarrarlo en galletas que se quebraban.
Mi curiosidad con este tipo de chocolates quedó satisfecha, y no me decepcionó. Quizá debería probar más y compartirlo con más gente. Es un chocolate con “personalidad”, de esos que no se encuentran en el Oxxo. Por eso, si algún día te topas a la niña cabra, no la dejes ir. Tu salud mental y tu paladar te lo van a agradecer.
Caracol Púrpura
Oaxaca, Oaxaca
Pedidos: 951 126 0447
📷 caracolpurpura.cafe