Un refugio de leche de cabra y los ingredientes industriales de un popular chocolate de la abuela.
Me quedé ahí, apretujada y muda como una estatua gótica en medio del festival, hasta que la vi: una pequeña tableta con una niña cabra sonriente. No es el típico dulce de vaca al que estamos acostumbrados; es una experiencia de cacao criollo y acidez rústica que se siente como un abrazo maternal.
Primera parada: Pachuca, Hidalgo. Una ingeniera agrónoma, una ceremonia de cacao y una chocolatería que nació de una herida. El camino oscuro comienza aquí.
Fruto del monje, cacao, leche de almendras y una identidad visual que no deja dudas: esto es México artesanal. La Hija del Fuego es el resultado de un viaje interior que alguien tuvo el valor de convertir en oficio.