Caracol Púrpura, chocolate oscuro 55% con leche de cabra: “No esperes el dulzor plano de la vaca”
Me quedé ahí, apretujada y muda como una estatua gótica en medio del festival, hasta que la vi: una pequeña tableta con una niña cabra sonriente. No es el típico dulce de vaca al que estamos acostumbrados; es una experiencia de cacao criollo y acidez rústica que se siente como un abrazo maternal.
Estaba sola frente al stand de un grupo de mujeres vestidas con huipiles y múltiples collares que se dedican a hacer rituales y ceremonias de cacao. Llevaba diez minutos observando la mesa: granos de cacao, esferas para bebida y esas mazorcas de pataxte que parecen reliquias. De pronto, el gentío me empujó hacia la orilla. Ahí quedé, apretujada y muda, como una estatua gótica en medio del mercado.
Esta barrita de chocolate la reconocí por su diseño. Ya las había visto antes. Son de Caracol Púrpura. Pero esta en especial no la había probado. La tomé inmediatamente, no una, sino dos. Como si fuese una acaparadora de pasteles de Cotsco que no conoce la vergüenza.